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miércoles, 20 de enero de 2016

La Revuelta de Haymarket

La Revuelta de Haymarket
¿Qué fue?

El incidente de Haymarket o revuelta de Haymarket fue un hecho histórico que tuvo lugar en Haymarket Square (Chicago, Estados Unidos) el 4 de mayo de 1886 y que fue el punto álgido de una serie de protestas que desde el 1 de mayo se habían producido en respaldo a los obreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta. Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas y anarcocomunistas, donde cinco de ellos fueron condenados a muerte (uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado) y tres fueron recluidos. Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero.

Posteriormente este hecho dio lugar a la conmemoración del 1 de mayo, originalmente por parte del movimiento obrero, y actualmente considerado en la gran mayoría de los países autodenominados democráticos (exceptuando los Estados Unidos, el Reino Unido y el Principado de Andorra), el Día internacional de los trabajadores.



Contexto

Los hechos que dieron lugar a esta revuelta están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de ocho horas. El hacer valer la máxima ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa. En este contexto se produjeron varios movimientos. En 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de dieciocho horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de dieciocho horas diarias debía pagar una multa de veinticinco dólares.

El movimiento sindical en Canadá inició una campaña similar a partir de 1872 a favor del día laboral limitado y de los derechos sindicales, que se obtuvieron en la década de los 1870 en ese país.

Corría el año de 1877 y las huelgas de los ferroviarios, las reuniones y las grandes movilizaciones en Estados Unidos eran reprimidas a balazos, golpes y prisión. Estas mismas tácticas represivas y la necesidad imperiosa por la defensa y la asociación para buscar mejoras en las condiciones de trabajo que en ese tiempo eran de semiesclavitud dieron pie a la gestación de un movimiento de resistencia y lucha de trabajadores que algunos años mas tarde daría sus frutos.



En 1880 quedó conformada la federación de organizaciones de sindicatos y trade unions (Federation of Organized Trades and Labor Unions), y en 1884 se aprobó una resolución para establecer a partir del primero de mayo de 1886, mediante la Huelga General en todo EEUU, las ocho horas de trabajo. Esto despertó un interés y un apoyo generalizado, ya que por aquella época el horario de trabajo obligatorio era de 10, 12 o 14 horas diarias normalmente. De estas jornadas tampoco estaban excluidos l@s miles de niñ@s, ni por supuesto las mujeres a quienes se les pagaban salarios inferiores, sin mencionar que de por sí los salarios eran muy bajos y las condiciones de trabajo insalubres. La efervescencia fué tal en todo EEUU que los sindicatos y las trades unions aumentaban geométricamente. Por ejemplo, el número de miembros de los Caballeros del Trabajo subió de 100.000 en el verano de 1885 a 700.000 al año siguiente.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, con una importante influencia anarquista, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (AFL) (Federación Americana del Trabajo). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga. Recomendaba a todas las uniones sindicales a tratar de hacer promulgar leyes con ese contenido en todas sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo (menos desocupación). Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la combatibilidad de los trabajadores en general.

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las ocho horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de ocho y diez horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre catorce y dieciocho horas). Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.



Historia

En 1886, el presidente Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, mediante la cual se establecía la jornada de ocho horas, (esto, ante las 10, 12 y 14 horas). De estas jornadas tampoco estaban excluidos los miles de niños, ni las mujeres a quienes se les pagaban salarios inferiores.

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (la principal organización de trabajadores en EE.UU.) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: "Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto". Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.

El 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

La paralización de los centros de trabajo se generalizó. La huelga paralizó cerca de 12.000 fábricas a través de los EEUU. En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfile de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antorchas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square; 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati un batallón obrero con 400 rifles Springfield encabezó el desfile. En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando deliberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. En Chicago que era el baluarte de la huelga, paró casi completamente la ciudad. 30.000 obreros hicieron huelga, aunque empresas como en la fábrica de materiales de Mc Cormick y alguna otra se dieron a la tarea de contratar esquiroles. El día 2 se realizó un mitin de los obreros despedidos de Mc Cormick para protestar por los 1.200 despidos y los brutales atropellos policiales. Mientras Spies dirigía su discurso a un grupo de 6000 a 7000 trabajadores, unos cuantos centenares fueron a recriminar su actitud a los esquiroles que en ese momento salían de la planta. Rápidamente llegó la policía, cuya acción dejó seis muertos y gran cantidad de heridos. La indignación ganó los corazones de los trabajadores movilizados. Spies corrió a las oficinas del Arbeiter Zeitung y publicó allí un manifiesto que fué distribuido en todas las reuniones obreras: "(...) Si se fusila a los trabajadores responderemos de tal manera que nuestros amos lo recuerdarán por mucho tiempo (...)".



En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. El 3 de mayo, el crecimiento de la huelga era "alarmante". En el movimiento participaban más de 340.000 trabajadores por todo el país, 190.000 de ellos en huelga. Solo en Chicago, 80.000 hacían huelga. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de rompehuelgas (esquiroles). El día 2 la polícia había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo seis muertos y varias decenas de heridos.

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el 4 de mayo, a las cuatro de la tarde, en Haymarket Square. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30.

El 4 de mayo a las 21:30 el alcalde, quien estuvo presente en el acto de Haymarket Square para garantizar la seguridad de los obreros, dio por terminado éste. Pero el mismo siguió con gran parte de la concurrencia (más de 20.000 personas). El inspector de la policía John Bonfield consideró que habiendo terminado el acto no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar, y junto a 180 policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimirlos. De repente estalló entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial de nombre Degan y produjo heridas en otros. La policía abrió fuego sobre la multitud, matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizaron cantidad de allanamientos y se descubrió la fabricación de arsenales de armas, municiones, escondites secretos y hasta "un molde para fabricar torpedos navales".



El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a 8. Pese a que el juicio fue en todo momento una farsa y se realizó sin respetar norma procesal alguna, la prensa amarilla sostenía la culpabilidad de todos los acusados, y la necesidad de ahorcar a los extranjeros.[cita requerida] Aunque nada pudo probarse en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido: August Spies, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden, Oscar Neebe , y Albert Parsons que ni siquiera estaba en el lugar de los hechos. Fielden y Schwab recibieron cadena perpetua, Neebe quince años en prisión, mientras los otros fueron condenados a muerte. Lingg logró suicidarse en su celda con dinamita antes de que lo colgaran.

Lo inaudito fue que el fiscal no tenia prueba alguna de la conexión entre estos hombres y el hombre que tiro la bomba. Su argumento era que los anarquistas eran culpables por no haber tratado de desanimar al agresor, lo cual los hace conspiradores e igualmente responsables. Gracias a este disparate, este juicio ha pasado a la historia por la gran injusticia que se llevo a cabo.

El 11 de Noviembre de 1887, Spiers, Parsons, Fischer, y Engel fueron llevados a la horca mientras cantaban La Marsellesa, en ese entonces el himno del movimiento revolucionario.
Es evidente que el Proceso de Chicago contra los ocho sindicalistas anarquistas produjo una sentencia dónde primó el principio de la ‘razón de Estado’ y que no se buscaron pruebas legales ni se tuvo en cuenta la normativa jurídica de la época. Se quiso juzgar a las ideas anarquistas en la cabeza de sus dirigentes, y en ellos escarmentar al movimiento sindical norteamericano en su conjunto.

Para ello fueron amañados testigos, se dejaron de lado las normas procesales, y los miembros del jurado -como se demostró pocos años después- fueron seleccionados fraudulentamente. Entre otras anomalías procesales, la primera fue que se los juzgó colectivamente, y no en forma individual, como disponía la legislación penal. Se trataba de un juicio político, y la causa no era la violencia desatada el 4 de mayo de 1886, sino las ideas anarquistas, por un lado, y la necesidad de impedir el avance de la organización gremial que había paralizado a los Estados Unidos el 1º de mayo del mismo año, por el reclamo de la jornada laboral de ocho horas.



Fuentes:





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¿Qué es el Posanarquismo?

¿Qué es el Posanarquismo?

¿Qué es?

El posanarquismo se trata de una multiplicidad heterogénea de teorías políticas radicales que se articula, según los casos, con el pensamiento del posestructuralismo, el posmodernismo, el poscolonialismo, el posfeminismo y el posmarxismo, siempre con la intención de superar las nociones modernas del anarquismo y conservando, no obstante, el carácter antiautoritario, el rechazo simultáneo al capitalismo y a la forma/Estado característico del anarquismo socialista.

El prefijo pos- no significa ‘después del anarquismo’, sino que hace referencia a la ruptura respecto a las suposiciones aceptadas dentro de los marcos teóricos que emergieron durante la Ilustración. Esto significa un rechazo básico de las fundaciones epistemológicas de las teorías anarquistas clásicas, debido a su tendencia hacia nociones esencialistas o reduccionistas, aún sin obviar las importantes excepciones a estos marcos teóricos (Emma Goldman, Max Stirner, Friedrich Nietzsche, etc.). Este tipo de acercamiento muestra que más que estar reprimidos por el poder, somos producidos por este, por consiguiente advierte a aquellos que luchan contra el poder (en la forma de dominación) acerca de como su resistencia con frecuencia deviene sobredeterminada por los efectos del poder. El posanarquismo argumenta también contra el anarquismo temprano que el capitalismo y el Estado no son los únicos focos de dominación, y que por lo tanto se deben desarrollar nuevos enfoques que combatan las estructuras de dominación en red que caracterizan la modernidad-tardía.



Concepto 

El postanarquismo no es un "ismo", no es un grupo coherente de doctrinas y creencias que puedan ser expuestas *postivamente* como totalidad bien delimitada. tal cual lo usamos aquí es un término profundamente *negativo* que se refiere a un conjunto amplio y heterogéneo de teorías anarquistas y "anarquisticas" que no han tenido acogida en las corrientes excesivamente doctrinarias de la mayoría de los anarquismo clásicos como el sindicalismo, anarcocomunismo, plataformismo así como de sus descendientes contemporáneos (como la ecología social). grupos como los movimientos sin fronteras, los de acción global, los zapatistas, los autonomen y otros similares que tienen una orientación marcadamente "antiautoritaria" y no se identifican explícitamente con el anarquismo en tanto *tradición* sino más bien con el *espiritu*, encarnan en la práctica este planteamiento. el origen del término es de un concepto desarrollado por saul newman en su libro "de bakunin a lacan: antiautoritarismo y la dislocación del poder". en él hace referencia a una torsión más allá del anarquismo clásico, hacia una teoría más abierta e híbrida, que se puede lograr gracias a una síntesis de conceptos e ideas claves provenientes de la teoría postestructuralista. en este sentido es bastante parecido al "postmarxismo" de ernesto lacalau y chantal mouffe ya que así como es *post* anarquista también es post *anarquista*. en otras palabras no es un rechazo total al anarquismo clásico sino más bien un pasó más allá de sus límites definidos por el pensamiento iluminado. sin embargo esta definición es discutible y probablemente sea ahora y siempre tentativa. otros han preferido definir el término de modo más amplio, incluyendo también ideas y conceptos del postmodernismo, existencialismo, postfeminismo, zapatismo y otras tendencias contemporáneas teórico críticas. incluso otros simpatizantes con este proyecto aunque escépticos de la urgencia de dar un paso más allá, rechazan explícitamente el término "postanarquismo" y plantean que al conservar el término anarquista, y anteponerle el adjetivo "postestructrualista", los anarquistas conservan lo que, desde su punto de vista, sería el histórico antimodernismo presente incluso en teóricos clásicos como mijail bakunin.

Algunos puntos comunes dentro del posanarquismo son:
-La comprensión del sujeto como efecto de las relaciones discursivas, la performatividad el deseo o el poder.
-El rechazo respecto a la hipótesis represiva y la reconceptualización del poder
-La desnaturalización del cuerpo y la sexualidad (ver teoría queer y posfeminismo)
-La metodología y perspectiva de la genealogía
-La deconstrucción de las oposiciones binarias de la filosofía occidental
-La deconstrucción de los roles de género a través del feminismo posestructuralista.
-La concepción de la teoría como una caja de herramientas.
-El rechazo a la forma/Estado y al capital en tanto que capturas del común y la singularidad.



Teoría

El primero en utilizar tal expresión fue Hakim Bey, quien definió como "anarquía postanarquista", en Comunicados de la Asociación de la Anarquía Ontológica(1987), la voluntad de recoger la lucha allá "donde la dejaron el situacionismo en el 68 y la Autonomía en los setenta, y llevarla a su siguiente fase". En su breve escrito Bey hacía un llamamiento a superar el anarquismo occidental y blanco, en favor de una mestiza participación en y una apertura a todas las culturas, con el fin de superar cualquier resto de "racismo psíquico". Consideraba que el anarquismo debía abrirse más a lo "negro", a lo "gitano", etc., y aprender de multitud de distintas experiencias no occidentales alternativas, "orientales", "tribales", etc. Hakim Bey hacía un llamamiento a abandonar cualquier forma de purismo ideológico y, en un nivel epistemológico, consideraba que el anarquismo debía librarse del "materialismo evangélico y del banal cientifismo bidimensional del siglo XIX". Del mismo modo, consideraba que el anarquismo no podía permanecer ajeno a las últimas transformaciones sociales, tanto a las posibilidades que abren como a los nuevos peligros que reporta. En palabras de Bey, "la desespacialización de la sociedad postindustrial facilita ciertas ventajas (p. ej. la creación de tramas digitales) pero puede también manifestarse como una forma de opresión (falta de hogar, desarrollismo, despersonalización de la arquitectura, devastación de la naturaleza, etc.)". En su opinión "las comunas de los sesenta intentaron dar un rodeo a estas fuerzas pero fracasaron", sin embargo apuntaron un matiz político de verdadera importancia. Enfocaron la revolución en la vida cotidiana, en el aquí y ahora, y retomar el legado utopista (Fourier et al), reinventándolo. La cuestión por tanto es volver a pensar "¿Cómo podemos separar el concepto de espacio de los mecanismos de control? Los gangsters territoriales, las Naciones Estado, han metido mano al mapa entero. ¿Quién habrá de inventarnos una cartografía de la autonomía, quien puede dibujar un mapa que incluya nuestros deseos?". Con el fin de retomar y avanzar en tal política Hakim Bey elaboró su conocido concepto "Zona Temporalmente Autónoma" y, posteriormente, el de "Zona Permanentemente Autónoma", "Zona Periódicamente Autónoma" y "No Go Zone". En lo relativo a la subjetividad, la cartografía de la Autonomía debía incluir, además del mencionado rechazo al racismo psíquico, cuestiones tales como nuevas formas de creatividad artística y musical, formas hedonistas de rechazo al trabajo o reconstrucciones de la sexualidad a partir de una "doctrina del gozo" que abandone toda vergüenza así como todo "odio por el mundo".

Más allá de esta primera y breve definición, una ola de pensamiento postanarquista se articuló a través de una seria de libros fundamentales: On Anarchy adn Schizoanalisis de Rolando Perez (1990), que combinaba el anarquismo, la perspectiva del arte y el esquizoanálisis de Gilles Deleuze y Félix Guattari; The Political Philosophy of Poststructuralist Anarchism del filósofo Todd May (1994), un intento de definir el anarquismo postestructural a partir de las aportaciones de Michel Foucault, Jean-François Lyotard y Deleuze; Postmodern Anarchism de Lewis Call (2001), una versión posmoderna entre el anarquismo y el ciberpunk; From Bakunin to Lacan: Anti-Authoritarianism and the Dislocation of Power del politólogo Saul Newman (2003), que defendía un postanarquismo no necesariamente postestructural, y lo hacía a través de la articulación del pensamiento de Max Stirner, Mijail Bakunin, Jacques Lacan, Michel Foucualt y Jacques Derrida principalmente; y Pequeño léxico filosófico del anarquismo: de Proudhon a Deleuze del sociólogo Daniel Colson (2003), que al contrario que las obras anteriormente citadas intenta señalar las semejanzas entre el anarquismo clásico y el postestructuralismo más que sus diferencias.



No hay "pensadores clave" en este planteamiento porque no hay un "canon" como el que puede haber en muchas ideologías fácilmente definibles y ordenables. esto se debe a que el postanarquismo no es una positividad sino una negativadad; es un *rechazo* de la tendencia doctrinaria de las ideologías férreamente definidas (reducidas) y una *adhesión* a favor de la multiplicidad no limitada de la teoría (difusa). es cierto que hay ciertos pensadores en la teoría anarquista clásica que se acercan más que otros a una "mirada postanarquista", como también es cierto que hay muchos pensadores en el postestructuralismo que se aproximan más que otros a un análisis antiautoritario. algunos teóricos anarquistas clásicos y a la vez contemporáneos que podríamos incluir, a grandes rasgos, en esta perspectiva son todd may, mikhail bakunin, saul newman, emma goldman, luis gambone, max stirner, hakim bey, errico malatesta, wolfi landstreicher y john zerzan, por nombrar a unos pocos. teóricos críticos y postestructuralistas que se acercan al antiautoritarismo podrían ser michel foucault, kathy ferguson, gilles deleuze, felix guattari, michael shapiro, guy debord, timothy luke, giorgio agamben, jean baudrillard, jens bartelson, manuel de landa, michael hardt, antonio negri, judith butler, chris hables gray, luce irigaray, james der derian, paul feyerabend y donna haraway. aparte de estos "teóricos" conocidos, y no por ello menos importantes, están todas aquellas personas que se sienten incómodas con *todas* las ideologías en general y todos aquellos que pueden percibir la resonancia que un análisis antiautoritario y no doctrinario tiene en el movimiento social contemporáneo. es pensando en todos aquellos comprometidos activa y "anónimamente" en el cambio del mundo a quienes espero pueda ayudar esta página web para comenzar con una teoría crítica que sirva a las individualidades pero también a los colectivos.

Fuentes:

-http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/5681

-https://www.nodo50.org/mujerescreativas/postanarquismo.htm

-https://es.wikipedia.org/wiki/Posanarquismo

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¿Qué es el "Anarquismo sin Adjetivos"?

¿Qué es el "Anarquismo sin Adjetivos"?

¿Qué es?

El anarquismo sin adjetivos es una idea que defiende que las diferentes escuelas de pensamiento anarquistas pueden y deben convivir simultáneamente. Da paso a la voluntariedad (no coacción, libertad negativa) de las personas (sobre sus cuerpos, mentes y bienes) para elegir el tipo de asociación (asociación voluntaria) que considere cada quien más favorable y preconiza la libre experimentación de modelos legales y económicos.



En las palabras del historiador George Richard Esenwein, el “anarquismo sin adjetivos” en su sentido más amplio “se refería a una forma de anarquismo sin apellidos, es decir, una doctrina sin etiquetas calificativas como comunista, colectivista, mutualista, o individualista. Para otros, simplemente se entendió como una actitud que toleraba la coexistencia de diversas escuelas anarquistas.”

El acuñador de la expresión fue el cubano de nacimiento Fernando Tarrida del Mármol, quien la usó en noviembre de 1889, en Barcelona. Él dirigía sus comentarios hacia los anarquistas comunistas y colectivistas de España, quienes por esa época estaban en un intenso debate sobre los méritos de sus respectivas teorías. Realmente Tarrida del Mármol en esta memorable carta plantea el problema de cómo los anarquistas pueden convertirse en un influyente movimiento de masas y dejar de ser los grupúsculos de individualidades que heredan los principios bakuninistas de la Internacional de 1877 sin caer, desde luego, en la “propaganda por el hecho”.

Fernando Tárrida de Mármol

Teoría

El “anarquismo sin adjetivos” fue un intento de mostrar mayor tolerancia entre las tendencias anarquistas y de tener claro que los anarquistas no deberían imponer planes económicos preconcebidos a nadie – ni siquiera teóricamente. Así, las preferencias económicas de los anarquistas debieran ser “secundarias” respecto de la abolición del capitalismo y el estado, siendo la libre experimentación la única regla de una sociedad libre. Para estos anarquistas las preferencias económicas se consideran de "importancia secundaria" a la abolición de toda autoridad involuntaria y permanente, y la libre experimentación es la única regla de una sociedad libre. Anarquistas conocidos que llegaron en algún momento a considerarse a sí mismos sin adjetivos, fueron Errico Malatesta y Voltairine de Cleyre. Actualmente también existen anarquistas quienes se denominan "sin adjetivos".

De esta manera, la perspectiva teórica conocida como “anarquismo sin adjetivos” fue uno de los productos colaterales del debate intenso al interior del movimiento. Los orígenes de la discusión se pueden trazar hasta el desarrollo del Anarquismo Comunista luego de la muerte de Bakunin en 1876. A pesar de no disentir completamente del Anarquismo Colectivista, los Anarquistas Comunistas desarrollaron, profundizaron y enriquecieron la obra de Bakunin tal cual Bakunin había desarrollado, profundizado y enriquecido la de Proudhon. El Anarquismo Comunista estaba asociado a anarquistas tales como Elisée Reclus, Carlo Cafiero, Errico Malatesta, y Piotr Kropotkin.

Las ideas del Anarquismo Comunista reemplazaron al Anarquismo Colectivista como la principal tendencia anarquista en Europa, excepto en España. Aquí, el mayor problema no era el del comunismo (aunque para Ricardo Mella sí lo era en parte), sino el de la modificación de la estrategia y las tácticas que implicaba el Anarquismo Comunista. En esta época (los 1800), los Anarquistas Comunistas enfatizaban células locales (y puras) de militantes anarquistas, se oponían por lo general al sindicalismo (aunque Kropotkin no era uno de éstos ya que reconocía la importancia de las organizaciones de obreros militantes) y al mismo tiempo se oponían en cierta forma a la organización. No es de sorprender que este cambio de estrategia y tácticas diera lugar a una copiosa discusión desde el Colectivismo español que apoyaba con fuerza la organización y la lucha de la clase trabajadora.


Importancia

El anarquismo es una filosofìa individualista y asociativa al mismo tiempo. Son los individuos que se asocian, y esto es cierto incluso allí donde el anarquismo fue un influyente movimiento de masas, ya haya sido entre los obreros porturarios bonarenses como entre los provos holandeses o entre los textileros catalanes o los campesinos ucranianos: individuos asociativos, esa es la clave del anarquismo.

De aquí que la idea de “partido” jerárquicamente instituido es rechazada por los anarquistas porque no es otra cosa que una réplica jerárquica de los aparatos del Estado. Realmente, el partido anarquista es la confederación o la federación. Y siempre ha sido así. Se confederan federaciones, y se federan grupos de afinidad y, en gran medida, el grupo de afinidad es una federación de individuos así como la federación local de sindicatos es una asociación de sindicatos. Para la organización anarquista el principio federativo sustituye al principio ejecutivo.

Pero ya es más delicado el trato al principio legislativo. Se supone que en las agrupaciones en las cuales haya desigualdades naturales originadas en razones de diversa índole los anarquistas aceptan el principio de la mayoría, como en los sindicatos, por ejemplo. Pero lo que distingue al plataformismo es que el principio legislativo aunque no se adopta en su seno debe llevarse adelante en las organizaciones de masas en interés de una política anarquista pública. Ni siquiera tal cosa sería aceptable para un anarquista individualista de palo y tente tieso. Sin embargo, esto no puede hacernos olvidar los derechos de las minorías, que Malatesta trató de salvar aduciendo que los acuerdos de la federación de asociados podrían ser adoptados por aquellos que sólo estén de acuerdo con ellos mas no por los que se opongan a los mismos.

El Anarquismo “sin adjetivos” es el discurso que nos une para en conjunto crecer como individuos. Es el primer paso para ir rompiendo con el dirigismo, el sectarismo, las verdades absolutas sostenidas por medio de la fe religiosa. Es el primer paso para madurar, para encontrarnos con quienes más o menos pensamos iguales, para romper con el elitismo intelectual, para poder llevar parte de nuestras ideas a la práctica.

Los partidos anarquistas sirven para encontrarnos y trabajar en conjunto, pero ningún partido anarquista podrá traer la revolución por su propia cuenta. Incluso estos partidos anarquistas están destinados a desaparecer, porque simplemente la revolución no es solo para nuestros afiliados, sino para los proletarios, para los desposeídos, para las multitudes oprimidas y/o con deseo de trasformar la sociedad para mejor.

En fin, solo cuando el discurso del Anarquismo “sin adjetivos” deje de ser retorica y se practique en lo concreto, es cuándo podremos verdaderamente levantar juicio sobre sus efectos. No se trata de que cada grupúsculo esboce el sistema que mejor le parezca, sino crear el ambiente para que de forma cordial los no anarquistas y anarquistas influenciados por tales corrientes, abran su perspectiva y se den con ideas nuevas e ignoradas, para críticamente levantar juicios y fomentar la discusión. Para dejar de ampararnos en preconceptos de los cuales ignoramos completamente sus implicaciones.


Fuentes:

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martes, 19 de enero de 2016

¿Qué es el Anarco Colectivismo?

¿Qué es el Anarco Colectivismo?

¿Qué es?

El anarquismo colectivista o anarcocolectivismo es una de las escuelas clásicas del anarquismo. Es una corriente de pensamiento acerca de la economía.
La propiedad de los medios de producción, distribución y cambio debe ser social y administrada colectivamente por los propios trabajadores reunidos en pequeñas asociaciones por afinidad mientras que cada uno de ellos produce según su voluntad (o según lo acordado) y cada uno debe recibir el producto íntegro de su trabajo según su mérito individual. Estas asociaciones a su vez estarían confederadas a través del principio federativo. Pero este sistema federal debe dejar, según los colectivistas, autonomía a las asociaciones que autogestionan los medios de producción.

Fue defendido por, entre otros, Mijaíl Bakunin (quien enunció sus principios), James Guillaume o Ricardo Mella. Sus seguidores fueron expulsados de la Primera Internacional por las discrepancias con Karl Marx a la hora de afrontar los problemas del proletariado. Las ideas de Bakunin en contra del Estado y la necesidad de la acción directa forjaron esas discrepancias con la consiguiente creación del anarquismo militante como movimiento obrero internacional organizado. El anarcosindicalismo será luego la forma de llevar a cabo varias de estas ideas.



Origen

El colectivismo se convirtió en una corriente dominante del movimiento anarquista bajo la influencia del aristócrata revolucionario ruso Mijaíl Bakunin, discípulo de Proudhon, que abandonó la atención por los campesinos y artesanos, con miras a un futuro en el que el trabajo organizado hubiera expropiado el capital, y cada grupo de trabajadores administrara sus propios medios de producción. El colectivismo proponía la propiedad colectiva de la tierra, las materias primas y los instrumentos de trabajo, y la apropiación del producto integral del trabajo por los trabajadores, deducido el costo. La distribución de las ganancias se realizarían por decisión colectiva, pero se asumía que la retribución sería proporcional al trabajo realizado.

Los colectivistas se oponían al comunismo de Marx y sus seguidores, entendiendo que sólo podía imponerse mediante un estado autoritario, concepción que fue desafiada por la siguiente generación de anarquistas, especialmente Malatesta, Reclus y Kropotkin. El colectivismo pronto sería reemplazado por el anarquismo comunista (también conocido como anarcocomunismo o comunismo libertario), cuando los propios seguidores de Bakunin de la Primera Internacional criticasen la teoría del valor-trabajo y el mantenimiento de una retribución de tipo salarial. «A cada cual según sus necesidades»; el comunismo libertario defendía que el producto del trabajo de todos pertenece a todos por igual, y cada uno tiene derecho a tomar libremente su parte. Los anarcocomunistas no descartaron por completo el colectivismo, sin embargo, considerándolo una etapa intermedia que evolucionaría hacia el comunismo; el historiador e ideólogo Daniel Guerin señala en su obra El anarquismo que esta idea fue finalmente la que se llevó a la práctica durante la colectivización en España entre 1936 y 1939.

Principios

-Los principales postulados del anarquismo colectivista son los siguientes:
-Abolición del Estado al pensarse que éste estará siempre corrupto y en manos de una clase privilegiada.
-La autoridad tiene que ser el espíritu público y colectivo.
-Respeto humano.
-Igualdad, libertad, fraternidad.
-Destrucción de todas las instituciones de la desigualdad, la fundación de la igualdad económica y social de todos. Sobre esta base se elevarán la libertad y la moralidad y se construirá la humanidad solidaria.



Desarrollo

El Anarquismo colectivista se vincula al pensador Mijail Bakunin (Rusia 1814-1876). De origen aristocrático, Bakunin poseía una sólida cultura urbana y formación militar. Se había educado en San Petersburgo y fue miembro de Cuerpo de Artilleros del Ejército Ruso: un cuerpo militar privilegiado. Completó su educación en Berlín, Dresde y Leipsig, espacios en los que compartió la experiencia intelectual del hegelianismo de izquierda. Durante su vida como activista, estuvo en contacto lo mismo con Kart Marx que con Pierre Joseph Proudhoun.

Bakunin, en muchos sentidos, representa el espíritu internacionalista de la causa anarquista.  Una razón para ello fueron sus viajes: cuando se evadió de la prisión en Siberia, emigró a Japón, pasó luego a California y Londres y, en 1848, participó en la Revolución de París. Pero no se trata sólo de eso. Bakunin se propuso coordinar los esfuerzos anarquistas y su filosofía colectivista internacionalmente. Desde 1864, se dio a la tarea de  organizar las primeras redes anarquistas, a saber, la Hermandad Internacional y la Alianza Internacional para la Social Democracia. Aquellas  estructuras representaron la oposición más organizada a la Internacional de los Trabajadores organizada por Marx y los comunistas. Desde la perspectiva anarquista, la diferencia entre el Marxismo y el Anarquismo estribaba en que, si bien ambos estaban comprometidos con el socialismo, la igualdad y la libertad, los marxianos poseían una filosofía autoritaria y, los anarquistas, una libertaria.

Los Anarquistas Colectivistas coinciden con los Anarquistas Mutualistas en varias cosas:
-En el rechazo del Estado y los procedimiento políticos convencionales
-En su defensa del Federalismo y las organizaciones pequeñas
-En el principio de que el producto del trabajo debe ser del trabajador

Las diferencias parecen haber sido, sin embargo, abismales y se referían a cuestiones tácticas y estratégicas mayores:
-Los Anarquistas Colectivistas favorecían el uso de métodos revolucionarios para acelerar la disolución del Estado
-Los Anarquistas Colectivistas estaba de acuerdo en la necesidad de organizar a los trabajadores y en que esa clase debía ser la que  poseyera la tierra y los medios de producción.



El argumento filosófico para justificar la propiedad colectiva era un orden que esta se ajustaba a las Leyes Naturales de la Sociedad. La propiedad privada, el “robo” según la designaban  Rousseau y Proudhoun, era un orden artificial y humana. Bakunin y sus seguidores manifestaban un rechazo abierto a todo tipo de individualismo y a cualquier fórmula que se derivara del culto a la Libertad Individual.  En ese sentido, resulta obvio que se encuentran en el extremo opuesto respecto a Stirner y mucho más cerca de la praxis Socialista. Bakunin prefiere la libertad que se alcanza en sociedad y en armonía con los demás: la Libertad Colectiva.

El radicalismo de Bakunin, desde mi punto de vista, resulta evidente en el rechazo palmario que manifiesta este teórico a todo tipo de Estado, incluso la Comuna o la Dictadura del Proletariado. La lección que se deriva de ello es que el carácter coactivo del Estado es una condición natural del mismo: se apoya en su voluntad de monopolizar la violencia mientras la censura en otros. En la lógica de Bakunin, el Estado nunca puede desprenderse de su condición de organización elaborada “desde arriba  hacia abajo”. El pensador ruso prefiere las organizaciones elaboradas “desde abajo hacia arriba”. La fuente última de poder social debía ser la comuna como “base unidad-primaria” que, aunque federadas, no debía perder su poder efectivo o su autonomía respecto a las demás.

Sus argumentos le sirvieron para elaborar una crítica de la Iglesia y la Religión, en la que converge con Proudhoun y Marx: Bakunin veía en la Iglesia un hermano del Estado y, en el Estado, una metáfora del poder de Dios. Del mismo modo, los artilugios participativos del Estado Burgués  ya fuesen elecciones, parlamentos, la  representatividad y la delegación del poder, dado que no se ajustaban a  la Ley Natural, debían desaparecer con el Estado.
Desde cierto Punto de vista, el Anarquismo Colectivista aspiraba a retornar a un Estado Natural perdido. La tendencia dominó en España hasta la década de 1930, momento en que la Guerra Civil Española y el triunfo de Francisco Franco, condujeron al movimiento a una crisis que ya era visible en 1939. El discurso de Bakunin parece una proposición diseñada para sociedades preindustriales. En el  resto de Europa, se abrió paso el Anarco Comunismo desde 1870.

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¿Qué es el Anarquismo Insurreccionalista?

 ¿Qué es el Anarquismo Insurreccionalista?

¿Qué es?

El anarquismo insurreccionalista es una teoría y práctica revolucionaria que emerge dentro de sectores anarquistas en las últimas décadas del siglo XX que pone énfasis en la necesidad del ataque hacia las infraestructura del Estado y el Capital como puesta en práctica de la rebelión y liberación del individuo. La insurrección implica desde formas diarias de comportamiento antisistémico hasta la insurrección de masas generalizada. Rechaza a la creación y participación en organizaciones formales permanentes y enfatiza la espontaneidad y el informalismo en la lucha que se manifiesta en grupos de afinidad.

El anarquismo insurreccionalista contemporáneo es heredero del antiorganizacionismo italiano y del ilegalismo francés de inicios del siglo XX. El concepto de propaganda por el hecho y la confrontación son las prácticas usuales del "anarquismo insurreccionalista" al afirmar que actuar de forma violenta contra los sistemas de dominación puede influir a otros para que decidan actuar contra lo que los oprime y, si se dan las circunstancias, este efecto puede llegar a desembocar inclusive en una insurrección generalizada. Tal reacción en cadena de la desobediencia y la rebelión no necesitaría de entidades o proyectos políticos que la organicen para poder enfrentarse a sus enemigos, a los que señala como más violentos que ellos.
Origen

Esta tendencia surge teóricamente en Italia de los años 1980s, inspirada en las experiencias subversivas de la década anterior (1970s) en que se vivió un clima de densa agitación política. Su principal figura es Alfredo M. Bonanno. Algunos de sus partidarios ven un precedente a sus ideas en los actos violentos de algunos anarquistas de los albores del siglo XX, a través de la propaganda por el hecho o de la expropiación individual.

El anarquismo insurreccionalista presenta algunas influencias individualistas, aunque también puede ser considerado como parte del anarquismo post-izquierda. Conciben las relaciones individuales sobre la base de grupos de afinidad, que no sacrifiquen la autonomía individual, autodefiniéndose como “un movimiento colectivo de realización individual”. Otros autores insurreccionalistas son Wolfi Landstreicher, Constantino Cavalleri, Gustavo Rodríguez y Killing King Abacus. El individualismo insurreccionalista reciente ha recibido influencias de la crítica posmoderna a la modernidad; a su vez, realiza una crítica a las organizaciones permanentes en el anarquismo clásico y el anarcosindicalismo.
El insurreccionalismo se ha desarrollado principalmente en Italia, España, Grecia y Estados Unidos, y ha adquirido cierta notoriedad por algunas acciones directas violentas en Europa y América, y por la participación disruptiva en el movimiento antiglobalización.

En líneas generales, el Anarquismo Insurreccionalista (AI) se diferencia de otras posturas en términos de organización y acción, y no tanto en términos teóricos o filosóficos. La crítica a la organización formal y permanente, junto a la defensa de la acción directa (incluyendo la que cae en la ilegalidad de los distintos sistemas jurídicos que el capitalismo crea), serían los dos elementos más característicos del AI. Así pues, el AI aboga por la organización informal de afinidad frente al sindicato; el AI defiende el ataque directo (y violento cuando sea necesario) contra el capital, el Estado, la autoridad, y todos los símbolos de estos elementos.



Características

Para el AI cualquier momento es bueno para comenzar la revolución social. En tanto que vivamos en una sociedad autoritaria, explotadora, y alienante (como lo es la sociedad capitalista), existirán razones suficientes para empezar a movernos en busca de nuestra libertad. Las crisis pueden acelerar los procesos revolucionarios, pero las razones ya existen a día de hoy, haya crisis o no. ¿Por qué esperar para actuar? ¿Es que no hablamos en serio cuando decimos que necesitamos construir una sociedad mejor?

Lo anterior nos lleva a la continua búsqueda de la sociedad anarquista. Dado que nosotrxs, les explotades, somos las contradicciones vivientes del capitalismo, la lucha ha de ser diaria y en todos los aspectos de nuestras vidas. El AI promueve la constante crítica de la realidad en la que vivimos, lo que incluye superar todo aquello que es considerado como ‘bueno’ y como ‘malo.’ El anquilosamiento mental que produce la tradición y la inmovilidad es lo que el AI quiere dejar atrás. Haz las cosas por ti mismx, con quienes quieras, cómo quieras, y cuándo quieras. La revolución social no necesita de jueces que juzguen la moralidad de tus acciones ni el momento adecuado para empezar a buscar tu libertad.

Frente a la organización formal permanente, el AI propone la organización informal de afinidad. Los grupos de afinidad son por naturaleza flexibles, cercanos, y orientados exclusivamente a la acción. La asociación de individualidades con experiencias de explotación similares facilita la creación de marcos de acción que van desde la defensa de unos intereses (una plaza en un barrio popular) hasta al ataque directo (expropiación de un banco). El grupo informal de afinidad, al estar basado en lazos humanos de carácter íntimo, proporciona mayor seguridad a las personas que lo componen. La solidaridad y la confianza dentro de este tipo de grupos potencia el apoyo mutuo que permite llevar la lucha a niveles de mayor compromiso. De esta manera, para el AI el grupo es un “caldo de cultivo” que potencia el desarrollo individual, el cual es únicamente posible mediante la cooperación con otras personas. Cuando el grupo deja de ser un catalizador para la acción o para el desarrollo crítico de la individualidad, desaparece (sus componentes se disuelven y forman otros grupos). Mejor cambiar de gente y seguir avanzando la lucha, que anquilosarse en estructuras formales que idolatran la falsa “armonía” de las relaciones humanas.

Por otro lado, el AI no solamente trata de quemar coches patrulla, lanzar cócteles molotov, o expropiar bancos.  El AI no pretende idolatrar al ilegalismo ni convertir a les insurreccionaries en héroes o mártires. El ilegalismo es un medio más que ha de ser empleado según el contexto y según la valoración de cada grupo de afinidad (o individuo). Es por ello que el AI no defiende estar en la ilegalidad continuamente, pues todes nos vemos forzades a ser cómplices del capitalismo en algún punto de nuestras vidas. No obstante, el AI tiene presente que la ilegalidad y el ataque a los mecanismos del poder son dos medios siempre al alcance de nuestras manos.

Las insurrecciones son simplemente modestos intentos para llegar a la revolución social. Para el AI la revolución social es una meta constante. Sin embargo, no deifica la revolución ni la considera una utopía lejana. Para el AI la revolución social es algo concreto, y es por ello que podemos avanzar hacia ésta en todo momento. La insurrección diaria es la materialización de esta consciencia, por modesta y pequeña que sea. Sabotajes, pequeñas expropiaciones, difusión de zines, arte callejero… la insurrección está en todas partes y puede manifestarse de muchas maneras, pues la insurrección es la ruptura con la normalidad que nos ahoga. Solamente si rompemos con la alienante normalidad de nuestras vidas cotidianas podremos llegar a la revolución social. La importancia de las insurrecciones radica en su naturaleza “vírica.” Al ser acciones pequeñas, éstas son fácilmente replicables, y la replicación conlleva aprendizaje y mejora.



Las ideas del insurreccionalismo

Es probablemente de utilidad el aclarar ciertos mitos sobre el insurreccionalismo desde el comienzo. El insurreccionalismo no se limita a la lucha armada, pese a que pueda incluir la lucha armada, y la mayoría de los insurreccionalistas son bastante críticos del elitismo de las vanguardias armadas. Ni tampoco quiere decir que están constantemente tratando de comenzar insurrecciones; la mayoría de los insurreccionalistas son los bastante inteligentes como para darse cuenta de que el programa máximo no es siempre posible, aún cuando estén siempre dispuestos a condenar a otros anarquistas por esperar.

El concepto de “ataque” está en el corazón de la ideología insurreccionalista, el cual se explica como sigue:

“El ataque es el rechazo de la mediación, de la pacificación, del sacrificio, de la acomodación, de tranzar en la lucha. Es mediante la acción y el aprendizaje para la acción, no mediante la propaganda, como abriremos el camino a la insurrección, pese a que el análisis y la discusión tengan un rol en la clarificación acerca del cómo actuar. Esperar sólo enseña a esperar; al actuar, se aprende a actuar”.

 La fuerza de una insurrección es social, no militar. La rebelión generalizada no se mide con los encuentros armados, sino que con el grado en que la economía se paraliza, los lugares de producción y distribución son tomados, la circulación gratuita que consume a todo cálculo... Ningún grupo guerrillero, sin importar cuán efectivo sea, puede reemplazar a este movimiento grandioso de destrucción y transformación.

La noción insurreccionalista del ataque no se basa en una vanguardia que logre la liberación para la clase obrera. En cambio, están claros de que “a lo que el sistema teme, no es tanto a estos actos de sabotaje en sí, sino que a que se propaguen socialmente”. En otras palabras, las acciones directas de pequeños grupos sólo pueden ser exitosas si son asumidas por la clase obrera. Esta es una manera más útil de discutir la acción directa que el debate más convencional de la izquierda que polariza en dos extremos, “grupos de acción directa”, que ven a sus acciones como objetivos en sí mismas, versus organizaciones revolucionarias que rechazan pasar de la propaganda para la acción de masas.



Fuentes:



- http://www.anarkismo.net/article/4324


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viernes, 8 de enero de 2016

La Comuna de París

LA COMUNA DE PARÍS

¿Qué es?

La Comuna de París de 1871 (Francés: 'La Commune de Paris') se refiere al gobierno socialista y popular («commune» en francés es un consejo de un pueblo o distrito) que ejerció el poder en París durante dos meses en la primavera de 1871 (18 de marzo 1871 hasta el 28 de mayo del mismo año.). Sin embargo, las condiciones en la que fue formada, sus controvertidos decretos y su cruel final la hacen uno de los más importantes episodios políticos de la historia de Francia. Por primera vez el proletariado fue capaz de derrocar el poder establecido, formar sus propios órganos de gobierno y reemplazar al estado monárquico-burgués capitalista.



Antecedentes
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana (1870–1871), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (19 de septiembre de 1870 – 28 de enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos —que se retiraron de inmediato— y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la Guardia Nacional Francesa, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que probable restauración de la Monarquía borbónica. Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción popular para defender la ciudad, estos se alzaron en armas. Ante esta rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la capital, y la Guardia Nacional convocó elecciones para el consejo municipal que fue copado por radicales republicanos y socialistas.



Historia

El 3 de marzo una asamblea de los delegados de la Guardia Nacional eligió un Comité ejecutivo provisional de 32 miembros que prometió defender la República. El mismo día el gobierno de Thiers nombró comandante jefe de la Guardia Nacional al general monárquico Louis d'Aurelle de Paladines. El 10 de marzo, la Asamblea Legislativa y el gobierno se trasladaron de Burdeos a Versalles, pero Thiers decidió residir en París.

Al mismo tiempo que el Comité Central de la Guardia Nacional estaba adoptando una posición cada vez más radical y ganando firmemente autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400 cañones y ametralladoras a su disposición. Y así, como primer paso, al alba del 18 de marzo Thiers ordenó a sus tropas tomar los cañones almacenados en los altos de Montmartre, Belleville y en el parque des Buttes-Chaumont. Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan rápidamente que el Jefe del ejecutivo Thiers ordenó la evacuación inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo leales, tales como la policía y los empleados de todas las administraciones públicas. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a Versalles.

El 18 de marzo estalló la insurrección: la Guardia Nacional y los obreros se apoderaron de la capital, provocando la huida del Gobierno. Inmediatamente, y por sufragio universal, fue elegido un Consejo General de la Comuna de París, al que se confirió poder legislativo y ejecutivo. De él formaron parte obreros revolucionarios y burgueses de ideas radicales: anarquistas y socialistas, blanquistas y republicanos liberales. Los 92 miembros del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un gran número de políticos. Abarcaban todas las tendencias republicanas: desde republicanos reformistas y moderados, socialistas, anarquistas, proudhonianos, blanquistas e independientes, hasta jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la Revolución francesa. El socialista Auguste Blanqui fue elegido presidente del Consejo, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna. Los anarquistas más populares son: Louise Michel, Benoit Malon, Amilcare Cipriani, etc.

Louise Michel

Acciones

Una de las primeras medidas de la Comuna fue disolver al Ejército regular (resquicio del orden aristocrático), sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática, es decir por todo el pueblo. Otra decisión, muy sorprendente, fue el respeto de la propiedad privada de los que se quedaron, expropiándose sólo a los que huyeron, los grandes propietarios. Y más todavía sorprendió que nunca llegaran a utilizar los depósitos del Banco de Francia, no sólo su dinero sino también el posible uso político de éste, con el cual la burguesía hubiera obligado a Thiers a pactar con los comuneros.

A pesar del cerco militar, la Comuna invierte rápidamente en la ejecución de trabajos públicos, con la creación de correos y de un sistema sanitario, que garantizara la salud del pueblo y de las tropas de la Guardia Nacional en lucha.

Los pequeños industriales fueron respetados aunque en un nuevo marco de relaciones laborales, en la que el trabajador tenía sus derechos. Se prohibió el trabajo nocturno y adoptaron políticas de higiene. Los alquileres empezaron a estar controlados por la municipalidad, fijándose un tope máximo. Como ejemplo, los miembros del gobierno se pusieron un sueldo igual al sueldo medio de los trabajadores, teniendo prohibido la acumulación y aprovechamiento propio de sus cargos.

La educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria. Los programas de estudios pasaban a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el carácter científico de las disciplinas. También se creó una Formación Profesional en donde los obreros daban gratis las prácticas a los alumnos. Se crearon guarderías para cuidar a los hijos de las trabajadoras. También en el plano educativo destacó la Asociación Republicana de Escuelas con el propósito de crear en las universidades un estímulo basado en el conocimiento científico. En el mundo del arte y cultural aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las bibliotecas.



Anarquismo y “La Comuna de Paris”

En las elecciones libres convocadas por la Guardia Nacional de París, los ciudadanos eligieron un consejo formado por una mayoría de Jacobinos y Republicanos y una minoría Socialista (Blanquistas - socialistas autoritarios - la mayor parte, y seguidores de Proudhon). El consejo proclamó la autonomía de París y su deseo de recrear Francia como una confederación de comunas . Dentro de la Comuna, los integrantes del consejo podían ser revocados y se les pagaba un salaria average. Además, tenían que dar cuentas al pueblo que los había elegido.

Está claro por qué este suceso se prendió en la imaginación de los anarquistas - tiene grandes similaridades con las ideas anarquistas. De hecho, el ejemplo de la Comuna de París era en muchas maneras similar a cómo Bakunin había pronosticado que la revolución ocurriría - una ciudad principal se declararía autónoma, organizándose y dando ejemplo, y exhortaría al resto del mundo a seguirla.

Sin embargo, para los anarquistas la Comuna se quedó corta. El estado no fue abolido dentro de la Comuna, como lo había abolido afuera. En lugar de abolir el estado dentro de la comuna organizando federaciones de asambleas democráticas de masas, como las "secciones" parisinas de la revolución de 1789-93, la Comuna de París mantuvo un gobierno representativo y sufrió por ello. "En vez de actuar por su cuenta ... el pueblo, confiando en sus gobernadores, les confió el mandato de tomar la iniciativa" y así el consejo se convirtió en "el mayor obstáculo a la revolución".

Aún así, es importante destacar una de las principales características de la Comuna, que fue la Libertad que tanto proclaman los anarquistas. De ésta se podían beneficiar todos, incluso los partidarios del gobierno de Versalles. Había libertad de prensa, de reunión y asociación.




Fin de la comuna

La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de negociaciones.
La zona exterior de Courbevoie fue capturada, y un intento retrasado de las fuerzas de la Comuna para marchar sobre Versalles fracasó. La defensa y la supervivencia se transformaron en las principales consideraciones. Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el polaco ex-oficial y nacionalista Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en general destacado de la Comuna.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos en Alemania. Los movimientos en Narbonne, Limoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.

El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos occidentales donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio. El 27 de mayo, para responder a las matanzas de parisinos por las tropas de Thiers, los comuneros fusilaron a 52 rehenes, entre ellos el arzobispo de París.

Nunca se ha podido establecer de manera segura el número de muertos durante la Semaine sanglante. Algunos testigos, como Prosper-Olivier Lissagaray, autor de una conocida obra sobre la Comuna, señalan que en realidad fueron dos semanas de ejecuciones. Algunas estimaciones son de entre 20.000 y 30.000 parisinos muertos en los combates o ejecutados entre el 3 de abril y el 31 de mayo, y muchos más heridos. 

En general este movimiento revolucionario fue un ejemplo para la clase obrera, demostrando que se podía tomar el poder para crear una sociedad más justa, igualitaria y fraternal, que hoy llamamos solidaridad. Incluso el “exceso” de libertad, que tanto se criticó, no deja de ser un ejemplo de que intentaron hacer un nuevo mundo que no estuviera basado en la represión que ellos habían sufrido en sus vidas.



Fuentes:






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